martes, 23 de agosto de 2016

Soy la inmediatez...

Soy la inmediatez… y me deseas.

He logrado algo que no imaginabas: que ansíes mi presencia en todos tus actos.
Cuando necesitas algo.
Cuando buscas comunicarte.
Cuando quieres conocer la última novedad.
Cuando deseas leer el último "tweet" de tu famoso preferido.
…aunque no te des cuenta, desesperas por mí.

Tal vez no lo recuerdes, pero no solía ser así.
Hubo un tiempo en que debías recurrir a una biblioteca cuando necesitabas saber algo… o debías esperar llegar a tu casa para poder comunicarte con alguien…incluso, si peinas canas, alguna vez debiste esperar que una operadora estableciera comunicación antes de poder hablar por teléfono.
Disfrutas de comprar y vender “online” en un instante lo que antes podía requerirte días o semanas… no era así en los viejos tiempos.

Pero, no te importa demasiado, verdad?
Me tienes, y lo disfrutas. Has logrado en un par de décadas lo que tus ancestros ni siquiera podía imaginar: ¿quieres algo? Lo tienes, casi al instante. Un click… un gesto sobre una pantalla… bastan para cumplir tu deseo.
Pero quizás no lo estés pensando en profundidad y debo advertirte: cuídate de mi.

Poco a poco estás comenzando a creer que tus decisiones también pueden tan ser  inmediatas como tus deseos.
Quizá estés perdiendo uno de los pocos atributos que te hacían un animal distinto en la sabana:
la capacidad de reflexionar antes de decidir, de proyectar antes de actuar.

Ancestro humano decidiendo el tallado una herramienta (fuente)

Piénsalo…
¿Cuántas veces, al buscar alguna información o dato, te quedas con lo primero que aparece en la pantalla de tu dispositivo, sin preocuparte de la confiabilidad de la fuente que te lo brinda?
¿Cuántas veces decides adquirir un nuevo "juguete" tecnológico, simplemente porque puedes o quieres, y no porque realmente lo necesitas?
¿Cuántas veces te has quedado sin servicios de internet unos minutos y te has ofuscado por ello, sin reflexionar sobre los millones de eventos tecnológicos que lo hacen posible?


Y ahora… reflexiona un instante:
¿Cómo actuaban tus ancestros en situaciones similares? ¿eran igual de exigentes? ¿eran igual de impacientes? ¿eran igual de insatisfechos?

Crees que me posees.
Crees que soy un derecho que has adquirido y que ya formo parte de tu existencia.
Pero en realidad, soy yo quien te domina.
Haces exactamente lo que yo quiero que hagas: actuar irreflexivamente.

¿Cuánto crees que durarás sobre este planeta si sigues mi juego?
¿Cuánto crees que sobrevivirá tu especie consumiendo energía y malgastando tecnología a ritmo cada vez más frenético, solo porque pueden?
¿Cuánto crees que soportará tu planeta si miles de millones de personas siguen dilapidando recursos y llenándolo de basura tecnológica descartable, con el único fin de satisfacer su necesidad de inmediatez?
¿A qué costo te desesperas por disfrutar de mis beneficios?

Carl Sagan dijo una vez:
“Crecemos en una sociedad basada en la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Y esta mezcla inflamable de ignorancia y poder, tarde o temprano explotará en nuestras caras.”

El pobre de Carl aún no podía presentir mi juego… si lo hubiera hecho se habría percatado de que su trágica predicción ocurriría más temprano que tarde… él no sabía que cederías mansamente a tus ansias por lo inmediato y lo fugaz.

Imagíname como una araña que teje una sutil red alrededor de tu vida y que, sin que te des cuenta, voy envolviéndote lentamente… de a poco, mientras simulo que soy tu amiga y asistente, mientras te ofrezco la comodidad sin límites… mientras genero en ti una necesidad, y una dependencia en tu subconsciente.

¿No me crees? Piensa:
¿cuántas personas conoces que desesperan al punto de la ansiedad, si olvidan su celular en sus casas?
¿cuántas personas conoces que tienen comportamientos adictivos al revisar incesantemente sus redes sociales en todo momento o lugar?
¿Cuántos de tus conocidos juzgan a la gente por la cantidad de “likes” que suman, y no por lo que son realmente?
¿Cuántas personas se agreden e insultan minuto a minuto en la red ante una controversia trivial, sin un motivo relevante?
¿Cuántas personas caen en el fugaz encanto de la compra compulsiva?
y tú: ¿cuántas veces has aceptado que tu información privada sea "un producto" que cedes graciosamente solo por "pertenecer"?
¿Cuántas veces has confundido deseo con necesidad, información con conocimiento, opinión con razonamiento, acceso con posesión, contacto con amistad, fama con prestigio, admiración con respeto?


Lo curioso es que podrías fácilmente gozar de todos mis beneficios reales, sin caer en mi telaraña… solo haciendo lo que siempre hiciste, pero ya has olvidado:


  • Solo por un día, deja el celular en tu casa, aventúrate a transcurrir una jornada completa de tu vida sin él, y disfruta del asombro que provocarás en tus allegados.
  • Experimenta, una vez cada tanto, una cena en familia con el televisor apagado, y pregunta a tus seres queridos qué les ha ocurrido hoy en sus vidas.
  • Deja por unas horas tranquilas a tus redes sociales (ellas pueden sobrevivir sin ti) y relájate escuchando reposadamente una suave melodía.
  • Cuando necesites saber algo, al menos una vez al año regálate el tiempo de ir a una biblioteca publica (si vas caminando mejor) y disfruta del contacto con el papel… rescata la placentera experiencia de tener un libro en tus manos.
  • Disfruta de hacerle a tus hijos “ese” sándwich delicioso con tus propias manos, en lugar de llevarlos al sitio de comida chatarra de moda.
  • ¿Quieres decirle algo importante a alguien?… un día de estos, sólo ve a su casa, toca el timbre, y habla con el o ella. Ningún “emoticón” podrá suplantar a tus verdaderas emociones mostradas a flor de piel.
  • ¿Necesitas ir a algún lado? Cuando puedas, opta por el camino mas reconfortante, no necesariamente el mas corto; luego elige el medio de transporte que te permita disfrutar mejor del paisaje… será un viaje inolvidable.


¿Que no puedes?
¿Que no tienes tiempo?
Estás en mi red, entonces... ya no eres aquel animal distinto de la sabana.
Cuídate de mi… puedes ser mi esclavo el resto de tus días.
Estás avisado.

lunes, 22 de agosto de 2016

Aquella guerra no humana

Hace algo más de 40 años, una de las guerras mas espeluznantes y crueles ocurrió en Tanzania, en las costas del lago Tanganica.
Extrañamente, fue una violenta y letal guerra, donde hubo un único objetivo: Aniquilar al enemigo sin compasión.
Más extrañamente aún, esa guerra no fue librada por humanos.

Mientras Godi se alejaba por los árboles en busca de algunos frutos para comer en solitario, un grupo de ocho individuos del clan Kasakela se movía sigiloso por los límites del territorio. Avanzaban pocos metros en total silencio, se detenían a observar y olfatear por unos instantes, y continuaban acercándose con una tensa excitación, que se reflejaba en sus pelos erizados.
Godi no vio venir el ataque...
Súbitamente, los machos más rápidos del escuadrón de ataque se lanzaron sobre Godi, derribándolo bruscamente. Aunque logró zafarse del primer asalto, Humphrey, Figan y Jomeo, el peso pesado del clan de Kasakela, corrían hombro con hombro tras él hasta que el primero de ellos logró agarrarle por una pierna, tumbándolo de golpe en el suelo, boca abajo. De un salto, Humphrey se sentó sobre su cabeza, sujetando sus extremidades, para que los otros cinco machos adultos desataran la violencia sobre su cuerpo desamparado. Un macho adolescente y una hembra, Gigi, les jaleaban en un segundo plano. Rodolf, el más viejo de los machos del grupo de Kasakela, mordía al indefenso rival con sus escasos dientes en cuanto veía ocasión mientras Figan, Jomeo, Sherry y Evered golpeaban salvajemente la espalda de su víctima... 
Los sonidos de la selva quedaron silenciados con los chillidos de Godi, ahogándose entre el terror y el dolor, y el frenesí furioso de los alaridos de sus agresores...
La brutal paliza duró diez minutos. Después,  Humphrey soltó a su víctima, que quedó inmóvil, gimiendo, durante un largo rato. Todavía tenía el rostro hundido en el barro. En ese momento, Rodolf se acercó hasta el cuerpo dolorido de Godi con una roca entre sus manos y la estampó sobre él. Era la tarde del 7 de enero de 1974.
 El asesinato de Godi marcó el inicio de una guerra de cuatro años entre dos clanes de chimpancés, el del valle Kahama y el del valle Kasekela, que será recordado como el primer conflicto bélico entre primates no humanos, que terminó cuando el último macho del clan Kahama fue asesinado.

No había disputa territorial, ni escases de alimento. Solo odio, que se reflejaba en las emboscadas que tendían a sus víctimas, en la ferocidad de los ataques, y en las escenas de canibalismo que seguían a las batallas.

En palabras de la famosa primatóloga Jane Goodall, única testigo humana de aquella barbarie:

“Durante años luché para aceptar este nuevo descubrimiento. A menudo, me despertaba en medio de la noche y venían a mi mente terribles imágenes: Satan [un macho Kasakela] ahuecando la mano debajo de la barbilla de Sniff para beber la sangre que manaba de una gran herida de su rostro; el anciano Rodolf, por lo general bondadoso, completamente erguido para lanzar una roca de dos kilos sobre el cuerpo postrado de Godi; Jomeo arrancando a tiras la piel del muslo de Dé; Figan golpeando una y otra vez el cuerpo tembloroso y malherido de Goliath, uno de sus ídolos de infancia. Y, tal vez lo peor de todo, Passion atiborrándose con la carne del hijo de Gilka, con la boca manchada de sangre como un grotesco vampiro de las leyendas infantiles”

 
Jane Goodall junto a un chimpancé, en la época de sus primeros descubrimientos.
La comunidad científica puso en "cuarentena" estos descubrimientos, y solo hace unos pocos años fueron dados a la luz, como prueba del comportamiento "casi humano" de nuestros primos chimpancés.
Primero se pensó que la influencia de Godall, y su presencia en el medioambiente silvestre, pueda haber causado indirectamente estos episodios... pero luego se comprobó que también ocurrían aún sin este factor.

“Fue la primera prueba de que el conflicto entre grupos existe y que a veces se manifiesta de forma muy violenta. Como a menudo sucede en el campo de la investigación, la verdadera importancia de un primer episodio o de un descubrimiento inicial se aprecia mejor cuando pasan unos años y se acumulan (y repiten) episodios similares”

Fuente y mas info:
 http://esmateria.com/2014/01/14/el-cruel-asesinato-que-desato-la-primera-guerra-entre-primates-no-humanos-de-la-historia/
Info adicional sobre las posibles causas del evento:
http://esmateria.com/2014/06/05/goodall-primera-guerra-chimpances/

miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Y si fuéramos una onda?



Todo comenzó con una pregunta incómoda… ¿qué era la luz?

Ya en la la edad media, Alhacén concluyó que la luz era "algo" que los objetos emitían o reflejaban, y podía ser percibido por el ojo humano.  De hecho el gran investigador musulmán realizó el primer trabajo científico sobre óptica, estudiando su comportamiento físico… pero, no lograba responder la pregunta fundamental: ¿qué es la luz?

En el siglo XVIII fue Newton quien arriesgó una respuesta: La luz está formada por partículas, y dado su inmenso prestigio, su afirmación fue aceptada sin reparos.

La luz, imaginada como partículas.

Sin embargo, en el Siglo XVII alguien se animó a desmentirlo: Christian Huygens propuso que la luz era un fenómeno ondulatorio y se transmitía en un medio imperceptible que denominó "éter".

La discusión estaba servida, y los condimentos no faltaban… ¿Onda o partícula? la fama sería para quien encontrara la respuesta correcta de forma irrefutable.
Pero la ciencia tiene cosas raras… y el prestigio de Newton se impuso (¿recuerdas la falacia de autoridad?) y todo el mundo olvidó rápidamente los supuestos de Huygens.

Ya en el siglo XIX la balanza empezó a inclinarse cada vez mas y más hacia un lado: los experimentos sugerían un comportamiento ondulatorio… Thomas Young realizó el famosísimo experimento de la doble rendija, demostrando que la luz se comportaba como una onda.
Pero fue en 1848 cuando se dio el golpe de gracia a Newton: las mediciones de la velocidad de la luz en distintos medios mostraban datos absolutamente opuestos a los predichos por Newton.
La luz era indudablemente una onda… pero aún quedaba un pequeño pero insidioso problema: ¿cómo era posible que se propagara también en el vacío?, según Huygens era el "éter", pero nadie lograba encontrar la dichosa "sustancia" que permitía la propagación de la luz en ausencia de un medio material.

La luz, imaginada como ondas

Mientras tanto, en 1845 Michael Faraday, al notar que un campo magnético podía cambiar el ángulo de la luz polarizada, propuso que la luz era un fenómeno electromagnético… y dio con el concepto fundamental que inició todo.

Muy pronto, James Clerk Maxwell describió matemáticamente ese fenómeno. Todo concordaba… la luz, era una onda! hasta que llegó Albert Einstein y determinó magistralmente que la luz también estaba compuesta de "fotones", es decir unidades que podían asumirse como partículas, aquellas que daban origen al efecto fotoeléctrico.

Como decía mi abuelita… "otra vez la burra al trigo".
Pero ahora el problema era mucho mas interesante:
Ya no estábamos ante el dilema de decidir si la luz es una onda o una partícula… estábamos ante algo casi inimaginable:
Los experimentos y la teoría demostraban que la luz era una onda y era una partícula, ambas cosas a la vez; el hecho de que se manifestara de una forma u otra, era meramente una cuestión experimental. La luz, como fenómeno natural, poseía ambas características.
Que pudieras medir unas u otras era cuestión de como armabas tu experimento, incluso si midieras un único fotón, este tendría probabilidades de comportarse de un modo u otro. La física cuántica tomó cuerpo a partir de este asombroso hecho.

La luz, imaginada como partícula y onda a la vez.



Sin embargo (como siempre ocurre en la ciencia), alguien tuvo una idea que nadie había imaginado antes y se planteó una duda muy interesante…
Louis de Broglie se preguntó:
"Si las ondas de luz pueden comportarse como partículas, ¿es posible que las partículas (por ejemplo, los electrones) puedan comportarse como ondas?"
Louis Victor de Broglie

Intrigado, De Broglie hizo un interesante razonamiento matemático:
- Las partículas tienen energía y cantidad de movimiento.
- Las ondas tienen frecuencia y longitud de onda
¿podrían conectarse esas propiedades aparentemente tan distintas?
Max Plank había abierto una puerta: había asociado la energía de un cuanto de luz con la frecuencia de su onda…  en esa ecuación teníamos Energía de un lado y frecuencia del otro.

De Broglie avanzó un poco mas a través de esa puerta, combinando ésta relación con la famosa ecuación de Einstein que relaciona masa y energía, y se preguntó:
¿qué pasaría si no fuera luz lo que viaja, sino una partícula, a velocidad menor que la de la luz (como un electrón en un átomo)?
¿seguiría estando relacionada la masa con una longitud de onda?

De Broglie encontró con un sencillo análisis matemático que la cantidad de movimiento de una partícula está siempre relacionada con una longitud de onda:

Relación entre longitud de onda,
masa, velocidad y la constante de Plank
Era posible entonces, que una partícula pudiera manifestarse como una onda.

La idea era revolucionaria.
Las pruebas no se hicieron esperar: en menos de un año, haces de electrones eran difractados dando patrones de interferencia típicas de ondas, tal como se observaba en los rayos de luz.

De Broglie tenía razón!
De pronto, una intrigante pregunta de la moderna teoría atómica de Bohr obtenía una respuesta simple:
Para Bohr siempre fue intrigante que los electrones solo pudieran estar en determinados niveles orbitales dentro del átomo, mientras les era imposible estar en otros.
Al considerar a los electrones como ondas se explicaba sencillamente esa cuestión: las ondas solo pueden existir en lugares donde suman un numero entero de longitudes de onda, como las cuerdas de una guitarra.
Obviamente los electrones no podían existir donde  el perímetro de la órbita no sumara un numero entero de longitudes de onda, por que eso generaría interferencias destructivas… esas zonas del átomo estaban "prohibidas", ya que allí el electrón no podría perdurar como una onda.
Louis de Broglie había dado con su idea una elegante explicación del modelo atómico de Bohr

orbitales permitidos y prohibidos


Los experimentos no cesaban, y pronto se realizaron también con partículas atómicas más pesadas, como protones y neutrones. Los resultados eran claros: éstos también se comportaban como ondas en determinadas circunstancias.

¿Y qué pasaría con las moléculas?
En 1999 se informó la exitosa difracción del Fulereno, una pesada molécula de 60 átomos de carbono.
Pero claro, cuanto más masiva fuera la partícula o molécula, De Broglie predecía que su longitud de onda sería menor. Para el Fulereno, cuyo diámetro es de aproximadamente un manómetro, la longitud de onda resultante era 400 veces mas pequeña, en el orden de 2,5 picometros. Una onda de menor longitud implicaba energías cada vez mayores.

¿Cual sería la longitud de onda de un objeto aún mayor?
¿podrías determinar y medir la onda de por ejemplo un grano de arena?
¿Y si fueran objetos más masivos aún, como una aceituna o una naranja?
Piénsalo… ¿podríamos nosotros mismos ser una onda?

Según De Broglie, nada lo prohibe:

  • Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico.

Imaginando ondas de materia

Si pudieras convertirte en una onda, nada impediría que atravieses un muro de cemento, o te teletransportes a la velocidad de la luz a cualquier otro lugar (si dispusieras de la inimaginable cantidad de energía para lograrlo, claro).

  • ¿intrigante?… seguro.
  • ¿Probable?… no lo creo, pero no por eso deja de ser divertido imaginarlo!



sábado, 6 de agosto de 2016

Sco-Cen y la pelusa local

Imagínate que eres un australopitecus afarensis, y vives en un extraño hábitat como era la Tierra hace un par de millones de años atrás.
Todavía no eres un homo, y la vida seguramente no era fácil, pero ya eres capaz de hacerte algunas preguntas, por ejemplo... ¿qué son esas extrañas luces que aparecen cada tanto en el cielo diurno y no son la luna o el sol?

Australopitecus y las extrañas luces en el cielo
Probablemente, si vivieras en esa época, serias testigo involuntario de algo que hoy es ya muy improbable: Ver frecuentes nuevas "estrellas" brillando con tal intensidad que aún en pleno día podrías verlas.
Aunque no pudieras comprenderlo, estarías viviendo una época donde las Supernovas estallaban muy cerca del sistema solar, y podrías contemplar un espectáculo que hoy solo podemos imaginar.

El origen de esos estallidos era una compacta nube de gas que pasó cerca del sistema solar, y donde densos grumos de gas formaban rápidamente estrellas masivas, pero de corta duración, que explotaban con frecuencia.

Afortunadamente aún es posible ver esa nube alejándose en el espacio interestelar, en dirección a las constelaciones de Scorpio y Centauro (de allí el nombre de Sco-Cen), ya a unos 450 años luz de nuestro sistema solar.
Haciendo los cálculos pertinentes, los astrónomos estiman que hace unos 2 millones de años atrás, la nube pasó "apenas" a 130 años-luz de distancia, cuando nuestros australopitecus miraban asombrados el cielo.

130 años-luz es lo suficientemente cerca como para que pudieran ver en todo su esplendor a las flamantes supernovas, pero no lo suficientemente cerca como para que afectaran en gran medida a nuestro planeta (se estima que una supernova que estallara a menos de 26 años-luz, destruiría con sus partículas nuestra capa de ozono, dejándonos expuestos a la radiación UV solar... muy malo para cualquier tipo de vida en la tierra).

Sin embargo, en ésa época hubo un marcado cambio en los ecosistemas terrestres, y grandes cantidades de plancton, moluscos y otros pequeños animales marinos sucumbieron en un evento desconocido, que hoy se considera el paso del Plioceno al Pleistoceno.
Simultáneamente, ciertas investigaciones han descubierto una alta concentración del isótopo de hierro Fe60 en capas geológicas consistentes con una edad de unos 2 millones de años de antigüedad; ese isótopo del Hierro es particularmente abundante en las explosiones de supernovas. Por lo tanto, es probable que ambos eventos estén relacionados de alguna manera, aunque es difícil probarlo.
Como sea, el suceso no afectó a nuestros ancestros, quienes continuaron evolucionando hasta nuestros días.

Sin embargo, algo podemos aún detectar: todas esas explosiones de supernovas en unos pocos millones de años crearon una "burbuja" de residuos estelares, de muy baja densidad (menos de un átomo cada metro cúbicos de espacio) pero detectable por su elevada temperatura (lo que equivale a muy altas velocidades relativas entre éstos átomos), en la que nuestro sol se encuentra inmerso.
Esta Burbuja Local tiene la forma de un maní, y nos envuelve con sus restos junto a varias estrellas del vecindario.

La Burbuja Local

Es la presión del viento solar (nuestra Heliosfera) la que nos "defiende" de las partículas presentes en ésta burbuja, e impide que las mismas lleguen a interferir con las atmósferas de los planetas interiores.
Viento solar y Heliosfera

Ahora, como nada es tan tranquilo como parece en el universo, resulta que nuestra "Burbuja Local" no es del todo uniforme, sino que presenta pliegues o irregularidades en donde la densidad de los esos átomos calientes es mucho mas alta (seis veces más densa que la burbuja local).
El Sol y otras estrellas cercanas están ahora penetrando en uno de esos pliegues, al que conocemos como "Pelusa local".


Pelusa Local
La heliosfera solar está por ahora resistiendo mientras el Sol avanza a través de esta zona más densa, aunque a costa de haber engrosado su onda de choque:

Onda de choque de la heliosfera

Esta onda de choque más densa presiona la heliosfera, la defoma e inyecta sus partículas (hidrógeno, helio, oxígeno y algunas moléculas sencillas) hacia el interior, las que eventualmente pueden llegar a perturbar las atmósferas de los planetas del sistema solar.

Existen alarmistas que ya relacionan el calentamiento global con éste fenómeno, pero sus conjeturas no están basadas en datos y mediciones concretas, sino meras especulaciones.
Sin embargo, el fenómeno existe, y continuará por unos cuantos milenios más, hasta que logremos atravesar la Pelusa Local con que Sco-Cen decoró nuestro camino por la galaxia, para volver a una zona mas "tranquila".

Como ven, el espacio no es un lugar tranquilo, ni mucho menos aburrido.

Fuente y referencias:
http://ciencia.nasa.gov/science-at-nasa/2003/06jan_bubble/
http://www.airspacemag.com/daily-planet/supernova-fallout-hit-earth-when-human-ancestors-were-alive-180958679/?no-ist
http://www.hopirockets.com/nasa/article.jsp?articleID=60


jueves, 4 de agosto de 2016

Gato y Mancha

Curiosamente, el continente americano tenía sus propios paleocaballos en épocas prehistóricas, abundantes especialmente en la región pampeana de Sudamérica,  aunque se habían extinguido hacía milenios, por causas que desconocemos.
De hecho, los habitantes originarios de América no tenían recuerdo de aquellos primitivos animales, y  a la llegada de los primeros conquistadores, allá por el siglo XVI, se vieron sorprendidos por el extraño animal que montaban, aprovechando sus virtudes para el trabajo y el combate en su tarea "civilizadora".
Con el tiempo algunos escaparon de los rodeos, otros fueron capturados por los nativos en sus escaramuzas con los invasores, otros simplemente abandonados… y dadas las excepcionales condiciones de la zona pampeana, esos rústicos caballos descendientes de los caballos árabes y andaluces, se reprodujeron en las pampas y de algún modo retomaron su condición silvestre. 
Los más resistentes fueron moldeando su propia raza, adaptándose a depredación de los pumas, cubriendo en un par de siglos gran parte del territorio sudamericano, especialmente en las pampas y la Patagonia, donde los nativos originarios comenzaron primero a alimentarse de ellos, y luego aprendieron a domarlos y utilizarlos.

Dicen que Gato y Mancha nacieron muy al sur, en la actual Patagonia argentina, cuando ésta era solo transitada por los Tehuelches, raza legendaria de los pueblos originarios sudamericanos, en las tropillas del cacique Liempichún, allá por los fines del siglo XIX.

Gato y Mancha eran genuinos exponentes de una raza acostumbrada a los climas rudos y al trabajo enérgico… un tanto petisos, de cuello musculoso y cuerpo potente, frente ancha, ojos vivaces y orejas cortas, resistente a las enfermedades y de largo aliento para el trabajo rudo, el caballo criollo tiene carácter fuerte, sentido de independencia, audacia y tenacidad.

Mancha era de pelaje overo con un carácter fuerte, que sabía imponerse en cualquier condición,  mientras que Gato era un gateado, de espíritu mas dócil, aunque no por eso resignaba su independencia.
Quiso el destino que a principios del siglo XX fueran adquiridos por un veterinario que buscaba desarrollar la raza criolla, y habitaron por un tiempo en la estancia "El Cardal", en la provincia de Buenos Aires.
Pero la historia de Gato y Mancha aún no estaba escrita… y fue un joven profesor y aventurero suizo, que había llegado a la Argentina por aquellos años, quien la escribiera.

Aquel suizo se llamaba Aimé Felix Tschiffely, y mientras disfrutaba de cabalgatas por las praderas pampeanas, tuvo una idea loca, que lentamente comenzó a hilvanar en un proyecto: quería demostrar al mundo las virtudes de la raza criolla, y para eso, nada mejor que unir Buenos Aires con Nueva York montando en un caballo criollo.

Aquél veterinario decidió regalarle dos caballos al suizo para su disparatada aventura, y por esas vueltas de la vida, Gato y Mancha fueron los elegidos.

Gato y Mancha


"Desde los primeros días advertí una real diferencia entre sus personalidades. Mancha era un excelente perro guardián: estaba siempre alerta, desconfiaba de los extraños y no permitía que hombre alguno, aparte de mí mismo, lo montase... Si los extraños se le acercaban, hacía una buena advertencia levantando la pata, echando hacia atrás las orejas y demostrando que estaba listo para morder... Gato era un caballo de carácter muy distinto. Fue domado con mayor rapidez que su compañero. Cuando descubrió que los corcovos y todo su repertorio de aviesos recursos para arrojarme al suelo fracasaban, se resignó a su destino y tomó las cosas filosóficamente... Mancha dominaba completamente a Gato, que nunca tomaba represalias".
"Mis dos caballos me querían tanto que nunca debí atarlos, y hasta cuando dormía en alguna choza solitaria, sencillamente los dejaba sueltos, seguro de que nunca se alejarían más de algunos metros y de que me aguardarían en la puerta a la mañana siguiente, cuando me saludaban con un cordial relincho."
Aimé Félix Tschiffely

El 24 de Abril de 1925, se iniciaba una de las historias de caballos más famosas de América.
Con apenas un cirigote (tipo de silla de montar usado en la provincia de Entre Ríos) como única montura, un gran poncho impermeable, algunos enseres mínimos y un mosquitero, comenzó la aventura. Tschiffely se resignó a no llevar carpa dado que el peso de los materiales con que estaban hechas en la época obligaría a sobrecargar a los animales, por lo que debería encontrar refugio durante el viaje donde dormir y guarecerse.

Al momento de la partida, montando a Gato mientras Mancha hacía de carguero, poca gente creía que fuera posible lograr la hazaña; el viajero no tuvo aportes económicos de ningún tipo salvo sus propios ahorros mientras la prensa acusaba al joven aventurero de crueldad animal. Una tenue llovizna caía esa mañana, que a lo poco de cabalgar se convirtió en severa tormenta... nada auspicioso para una partida. Sin embargo TschiffelyGato y Mancha, comenzaban a escribir la historia grande de los caballos criollos.

Pantanos, llanuras, monte espinoso, selva húmeda, desolados desiertos, ríos torrentosos y fantásticos paisajes... todo transcurría día a día bajo los cascos de Gato y Mancha. Los mismísimos Andes fueron cruzados a 5.900 m de altura sobre el nivel del mar, soportando temperaturas de 18º bajo cero,
“Contrariando la práctica de la mayoría de los viajeros de las regiones secas, no llevé agua.  Para mi uso personal disponía de una caramañola de coñac y otra llena de jugo de limón mezclado con sal.  Esta bebida resultaba muy estimulante, pero de sabor tan ingrato que nunca sentí deseos de beber mucho de una sola vez.  En cuanto a los caballos, calculé que la energía que gastarían en transportar agua, sería muy superior al beneficio derivado de beberla, así que sólo la tuvieron cuando llegamos a algún río o poblado.  Creo que mi teoría era sólida; con carga ligera ganábamos en velocidad y evitábamos que los caballos se lastimasen los lomos, porque el agua es la carga más incómoda que un animal puede llevar.  Sólo en raras ocasiones, parecieron mis caballos sufrir algo de sed”.
Durante el viaje, los lugareños daban cobijo y alimento a los viajeros, y entre fogones y tertulias salían las historias:
“En los tiempos de nuestros viejos antecesores, vivía en un lado del valle una tribu de indios poderosa y próspera y en las laderas de la montaña opuesta, habíase instalado una tribu igualmente fuerte y bien organizada.  La envidia y la ambición los convirtió en enconados enemigos y se libraron entre ambas feroces batallas.  El cacique de una tribu tenía un hijo y su enemigo de la otra tribu, una hermosa muchacha.  Por las noches solían verse.  Pronto despertaron sospechas y un día el padre de la joven envió un mensajero a su rival, amenazándole con ejecutar a su hijo si lo descubría con su hija.  En una ocasión fue descubierto, tomado prisionero y conducido ante el enemigo.  Este ordenó que lo decapitaran en seguida, orden que se cumplió de inmediato.  La cabeza, separada del cuerpo, fue llevada a la muchacha, quien la acarició en un arrebato nervioso.  Según cuenta la leyenda, los ojos de la cabeza, aún tibia, se abrieron y dejaron escapar dos lágrimas.  Desde entonces ese valle se ha llamado Humahuaca, que quiere decir “cabeza que llora”
Por entonces, los periódicos de la época comenzaban lentamente a dar cuenta de la aventura: “Llegó Tschiffely”, “Partió Tschiffely” reseñaban, dando el nombre del lugar o país en cuestión. Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela... uno a uno fueron quedando atrás los países andinos, subiendo y bajando, a veces por senderos casi intransitables, pero sin oponer resistencia a la tenacidad del suizo y sus dos preciados caballos.

Luego de cruzar el canal Panamá por un sendero peatonal, Mancha se lastimó en una pata. Había un corte profundo y decidieron esperar a que curara, gracias a la hospitalidad de un cuartel militar.
Con cinchas y estribos nuevos, flamantes herraduras y alforjas llenas, partieron nuevamente tras algunos días de descanso. Sin embargo, un clavo mal puesto en una herradura de Gato le causó un absceso, y poco después, las coces de una mañosa mula atada, le produjeron lesiones en la rodilla que le impedían caminar. Allí terminaba la travesía para Gato. El jinete se comunicó con la embajada argentina en México, y envió por tren al noble caballo para que fuera atendido.

Tiempo después, cuando Tschiffely Mancha estaban entrando a ciudad de Mexico rodeados de una multitud que los vivaba, se encontró nuevamente con Gato, que había curado de sus heridas.
Cuentan que Gato relinchó por lo bajo, abrió sus fosas nasales, y se acercó a los jinetes para que Tschiffely le frotara la frente como solía hacerlo diariamente durante el viaje.

Texas, Oklahoma, St. Louis, fueron recorridos rápidamente, pero ya no era tan fácil andar con dos caballos por rutas transitadas. Gato quedó entonces al cuidado de un cabañero del lugar.
El río Misissippi, Indianápolis, Columbia... y muy pronto, Washington se alzaba en el horizonte. Un par de inesperados accidentes con automóviles hicieron recapacitar al jinete y decidió dar por concluida allí su travesía. Mancha quedó alojado en Governor's Island, en un fuerte militar.

El 23 de Septiembre de 1928 el alcalde de Nueva York recibió a Tschiffely condecorándolo con la medalla de la ciudad, por su proeza. Gato y Mancha se reunieron nuevamente para ser exhibidos en la Exposición Internacional de Caballos, que se realizó en el Madison Square Garden. Días después, el presidente Calvin Coolidge le confirió el honor de recibirlo en la Casa Blanca.

Pero no había terminado aún la historia...  Tschiffely había decidido retornar a Buenos Aires en el vapor "Vestris", pero una invitación de la National Geographic Society para dar una conferencia en Washington postergó la partida... y salvó sus vidas: el Vestris naufragaría pocos días después, causando más de cien muertes... pero el jinete y sus caballos no viajaban en él.


  • 21.500  km.
  • 504 etapas
  • 46,2 Km/día en promedio.
  • 3 años, 4 meses y 6 días.
En un editorial de la época, Timoteo Usher, de la  Asociación de Criadores de Criollo, comenta:
“El caballo criollo come cualquier clase de pasto, no necesita de granos seleccionados como los caballos extranjeros y resiste sin cuidados las amenazas del campo.  Tschiffely lo ha demostrado con las descripciones que nos hace de sus largas incursiones por insanos lodazales, el accidentado cruce de los ríos, las terribles odiseas por los bosques tropicales, el ataque de insectos dañinos, la potencia del sol meridional y el frío atenaceante de las cumbres andinas.  Todo coopera a darnos la sensación de la heroica hazaña". 
Gato y Mancha regresaron a Argentina, junto con el "gaucho" Tschiffely,  en el paquebote “Pan America”, quienes al arribar a Buenos Aires fueron recibidos como héroes nacionales.
"Estoy sumamente satisfecho, aunque a veces, pienso si no sería todo un sueño, dada la diversidad de impresiones que he recogido durante el raid.  Ahí están Gato y Mancha.  Han sufrido más este regreso por mar, que en el largo e inacabable viaje por tierra.  ¡Pobrecitos!  Me ofrecieron una pequeña fortuna por ellos en los Estados Unidos, pero no los quise vender.  Hay una cuestión de moral que es superior a los dólares.  Ellos debían ser también partícipes de este homenaje y el descanso que se merecen, deben tenerlo aquí, en la Argentina”

Mapa de la travesía

Gato y Mancha volvieron a la estancia El Cardal, de donde habían partido.
Gato murió en 1944 y Mancha en 1947. El "gaucho" Tschiffely murió en Londres, en 1954; sus cenizas fueron luego trasladadas a "El Cardal", junto a los restos de sus fieles compañeros.

El 20 de Septiembre se conmemora en Argentina "el Día Nacional del Caballo", en homenaje a Gato y Mancha, arquetipos de caballo criollo.

Tschiffely, Gato y Mancha

Mas info:
http://www.revisionistas.com.ar/?p=7225
http://www.folkloredelnorte.com.ar/costumbres/gatoymancha.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Gato_y_Mancha